Novedades mixtas en la coyuntura agrícola

El corriente año será de bajo crecimiento mundial, pero el comercio se recuperará y, aunque los precios internacionales de nuestros productos agrícolas se vienen reduciendo, la recuperación del volumen luego de la sequía de la campaña anterior permitirá el crecimiento sectorial. Se requieren señales tributarias y regulatorias claras para aprovechar la oportunidad.


En la nota de Indicadores de Coyuntura del mes anterior se revisaron los tres roles principales del sector agroindustrial dentro del funcionamiento económico de la Argentina. Allí se lo caracterizó como un exportador principal del país, el abastecedor de los insumos para la canasta alimentaria local y como un sector inversor e innovador que impulsa el crecimiento de largo plazo.

Las transformaciones anunciadas en la estrategia económica de la Argentina a partir del cambio de gobierno en diciembre de 2023 y la evolución probable de los mercados internacionales daban lugar, en nuestro análisis, a perspectivas positivas para el cumplimiento de todos los roles apuntados. Dado el dinamismo de la evolución de la economía local y las fluctuaciones recientes en los mercados internacionales, en esta nota se hace un seguimiento de las principales novedades que podrían afectar las tendencias esperadas.

Debido a su condición de sector exportador “tomador de precios” en el mercado mundial, el escenario internacional es de primordial importancia para nuestro sector agroindustrial. En términos de la actividad general, aunque las perspectivas han mejorado con respecto a los dos años anteriores, los pronósticos de los organismos multilaterales coinciden en señalar que el crecimiento global se mantendrá moderado este año en torno del 3%, reflejando aún las consecuencias de la política monetaria restrictiva que las principales economías aplicaron para contener la inflación. A esta política se sumaron las correspondientes condiciones restrictivas del mercado de crédito y un crecimiento bajo de las inversiones y del comercio internacional. En el caso del comercio internacional de mercancías, se espera una recuperación frente a la importante caída en valor del 5% durante 2023. Estos pronósticos favorables, sin embargo, están sujetos a riesgos debido a los conflictos internacionales que han escalado (invasión rusa a Ucrania y situación en Palestina y el Mar Rojo), a la fragmentación en las cadenas de valor, a los desastres climáticos cada vez más frecuentes y a un menor crecimiento de la economía china. Este último factor hace referencia a la condición de China como país emergente de alta demanda internacional por commodities y productos tecnológicos. En efecto, entre 2010 y 2019, la economía china creció un 7,7% anual y mantuvo su demanda de alimentos e insumos básicos en el mercado mundial. Actualmente, China enfrenta problemas coyunturales derivados, por una parte, de la falta de inversión durante el COVID 19, cuyo período de contención fue, en su caso, muy prolongado y, por otra parte, derivados de la inestabilidad de su mercado financiero que se ha manifestado en problemas de su mercado de construcción y financiamiento de la vivienda. Además, la economía china debe corregir factores estructurales, como la necesidad de cambiar sus pivotes de crecimiento de largo plazo que ya no pueden basarse en la incorporación del trabajo “barato”. En este aspecto, la carrera tecnológica con los Estados Unidos ha llevado a una importante fragmentación del comercio internacional en progreso. Actualmente se espera que la actividad de la economía china aumente en torno de un 5% en 2024.  

El primer impacto de la desaceleración china en el comercio internacional afecta a la demanda de insumos básicos para la industria, particularmente los metales. Pero también se comienza a reflejar en los precios agropecuarios. En efecto, esos precios han estado reduciéndose tanto por factores de demanda como por la normalización de la oferta luego del efecto meteorológico de “El Niño” y su reemplazo por el fenómeno de “la Niña”, esperándose para este año una mayor producción y recomposición de stocks (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: FIEL con base en datos FMI

En el escenario local, el sector agroindustrial acompaña el cambio de estrategia económica del nuevo gobierno, pero las demoras en trazar un rumbo de mediano plazo con medidas efectivas han llevado a reclamos sectoriales. Todos los sectores económicos requieren un horizonte de planeamiento adecuado, que en el caso agropecuario va, al menos, de 1 a 3 años para las decisiones de producción del agro y la ganadería.

Pero más allá de esto, el sector reclama definiciones sobre temas ya muy discutidos como los derechos de exportación. Estos derechos subsisten desde el anterior gobierno y, en el corto plazo, se han combinado con una caída de los precios internacionales, aumento de los insumos en dólares y el arrastre de una situación financiera delicada de los productores debido a la fuerte sequía que afectó los resultados de la campaña anterior, 2022-23. En consecuencia, los márgenes brutos se fueron ajustando, a lo que se sumaron algunos inconvenientes climáticos que limitaron los rindes de la cosecha de trigo ya finalizada y de la entrante cosecha de maíz y soja. En el caso del maíz, adicionalmente, los cultivos del norte de la Pampa Húmeda se vieron afectados por el avance de una plaga, la “chicharrita” que causa la enfermedad del Spiroplasma y que provoca graves pérdidas en los rendimientos. En 2023, los derechos de exportación representaron en torno de un 5,4% de los ingresos tributarios totales del gobierno nacional, contrayéndose desde un 8% del año anterior debido a los efectos de la sequía sobre los volúmenes exportados (ver Gráfico 2). En un marco recesivo de la economía, con otros impuestos cayendo, puede aparecer el riesgo de una política tributaria que no quiera desprenderse de una fuente segura.

Gráfico 2

Fuente: FIEL con base en datos del Ministerio de Economía.

Otro reclamo, más reciente, se vincula con la falta de coordinación entre los distintos niveles de gobierno. La presión que ejerce el gobierno central sobre los ingresos provinciales ha llevado a que las provincias revisen las fuentes propias de ingresos para compensar los ingresos perdidos por transferencias discrecionales. El caso más relevante es el de la Provincia de Buenos Aires, donde el gobierno provincial aumentó significativamente la presión tributaria sobre el sector con el ajuste del impuesto inmobiliario rural y varios municipios implementaron o aumentaron tasas aplicables al sector.  Un agravante de la situación proviene de la situación de muchos productores que se encuentran en zonas donde se aplicó la emergencia agropecuaria y se prorrogó el pago de impuestos debido a las condiciones de sequía que afectaron a la producción. En 2024, por lo tanto, esos productores enfrentarían la doble carga del pago de las prórrogas y el aumento de los impuestos.

La Mesa de Enlace que agrupa a los representantes de los productores ha presentado reclamos por la definición de las retenciones ya que está próximo el inicio de la siembra de trigo, el alto costo de la vacuna de aftosa, las desventajas de las economías regionales en términos de insumos y costos de transporte y los riesgos que corren frente a la nueva disposición del gobierno para facilitar la importación de alimentos.

La falta de coordinación de las políticas ha llevado también a dificultades en el funcionamiento de los mercados. Por el lado de los exportadores, las divisas se liquidan con un “dólar blend” que utiliza en un 80% el mercado oficial y en un 20% el mercado del dólar financiero. La iniciativa de la “mezcla del dólar” fue heredada del gobierno anterior, pero la caída de la brecha entre los mercados de la divisa ha restado valor al dólar efectivo de la liquidación. A la vez, los productores (Federación de Acopiadores) han observado que los contratos de abastecimiento se pagan al dólar oficial, más bajo. Este desacuerdo ha seguido escalando con una denuncia de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap) ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, acusando a la industria procesadora por “cartelización” en el comercio de granos. Como se aprecia, las intervenciones públicas en los mercados siguen generando distorsiones a lo largo de la cadena de valor limitando, por lo tanto, el desarrollo de oportunidades de crecimiento.

Frente a este panorama incierto de la política, los productores agrícolas deben avanzar con sus tareas que, en esta etapa del año, se concentran en las cosechas del maíz y la soja. Lamentablemente, el clima siguió afectando la evolución de los cultivos en la zona núcleo por una sucesión de lluvias y tormentas intensas. Por su parte, otras zonas siguieron sufriendo sequía. Sin revestir la gravedad de la sequía de la campaña anterior, estos hechos dieron como resultado un recorte de los pronósticos de producción. La cosecha de trigo finalizó con muy buenos rindes y un volumen estimado de 14,5 millones de toneladas. En maíz se esperan 57 millones de toneladas cequivalente a un aumento del 58% con respecto a la campaña pasada. En soja se esperan 50 millones de toneladas que más que duplica los resultados de la campaña anterior (información de la Bolsa de Cereales de Rosario).

En síntesis, la campaña agrícola 23-24 sigue pudiendo marcar un punto de inflexión para la proyección del sector agropecuario en todos sus roles aun cuando los mercados internacionales no presenten condiciones óptimas. En el caso agrícola, la perspectiva de una mejora macroeconómica permitirá normalizar el financiamiento y en algún momento del año remover el cepo cambiario. Ambos hechos mejorarán las condiciones para la toma de decisiones de producción e inversión. La coordinación entre los niveles de gobierno, que podría demorar, también es un factor necesario para reducir los riesgos de la inestabilidad de reglas que han sido recurrentes en el caso argentino. Los problemas de seguridad alimentaria y la volatilidad de la oferta mundial derivada de la incidencia de desórdenes climáticos abren una nueva oportunidad para nuestra producción. Una vez más será el país el que se deberá organizar para aprovecharla.

Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez

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