Fase 3, en busca de fase 5

Un programa económico es un proceso o conjunto de acciones que debe adaptarse a shocks inesperados y reacciones no previstas de los agentes económicos, y a corregir sus propias debilidades e inconsistencias. Las sucesivas fases del programa actual muestran un proceso de aprendizaje desde el lanzamiento inicial con destino lejano de dolarizar la economía, a un escenario más terrenal y cercano de ordenar las instituciones económicas tal como –al final del día- lo han hecho la mayoría de los países medianamente exitosos. No existe “poción milagrosa” que nos saque del pozo, se requieren esfuerzos reiterados siguiendo el manual de buenas prácticas al que finalmente se llega después de aproximaciones que no siempre van en la misma dirección.

El gobierno ha agitado el riesgo político como principal responsable de la volatilidad en los mercados y la debilidad de la recuperación. Es poco probable, sin embargo, que una elección medianamente buena sea condición suficiente para enderezar un rumbo que se muestra vacilante en varias dimensiones. En primer lugar, porque los primeros 20 meses de gestión han mostrado una baja capacidad de diálogo, o más bien una capacidad declinante de diálogo con la oposición que puede apoyar el programa de gobierno. Esos antecedentes prefiguran que el camino de reformas en los próximos 28 meses podría ser tan duro como el que hemos atravesado hasta aquí, a menos que la estrategia política cambie, algo que no se puede asumir como un hecho seguro, sin embargo.

En segundo lugar, la gestión se ha caracterizado por muchos anuncios que recuerdan el término de “dinámica grandiosa o magnificente” que acuñó el gran economista William Baumol.  De los anuncios a los hechos hay un trecho difícil de recorrer, no solo por la política que no ayuda, sino porque las propuestas en muchos casos se muestran poco elaboradas. Ello apareció en la Ley Bases, en el Pacto de Mayo y particularmente en los anuncios de “reforma estructural”, que en materia laboral, previsional, de un sistema público transparente y ordenado de contrataciones, en materia de inversión de infraestructura pública y muchas otras áreas  sigue en el status de tema pendiente a precisar. El diablo está en los detalles, y no cualquier propuesta es una propuesta de reforma amplia y genuina.

Si bien es atendible que muchas reformas no hayan avanzado en la forma de nueva legislación, dado el marco y la estrategia política seguida desde el oficialismo hasta el presente, ello no obsta a conocer el detalle de las propuestas de reforma que se van a hacer y deberían discutirse en el Congreso en próximos meses. Ello es una mejor base que la alternativa de prometer reformas de contenido que permanece vago y vetar alternativas sin proponer reformas concretas. Es difícil ganar un partido de futbol colocando a los once jugadores en el propio arco para evitar goles; de vez en cuando hay que salir a jugar.

Aquí aparece un tercer punto a tener en cuenta para entender la incertidumbre y volatilidad reciente. Es el desarrollo del programa económico mismo, sus reiteradas modificaciones y cambios de rumbo, sean que provengan de decisiones del presidente o de su equipo económico, que introducen elementos de incertidumbre. La estrategia de un solo objetivo que se eligió desde algún momento (bajar la inflación, whatever it takes) puede dar importantes réditos políticos, hasta que los costos superan los beneficios. Cuando ello ocurre, hay que recalibrar, o asumir las consecuencias del empecinamiento. En este punto estamos.

Hoy nos estamos quedando sin balas para mantener el objetivo bélico (bajar la inflación a un dígito anual en 2026, no importa lo que cueste), y las decisiones que se toman para mantener el objetivo –incluyendo la decisión de “hacer un uso intensivo” de las reservas escasas, como ya se hizo en 2011/15, en 2018 y en 2022/23- comprometen la credibilidad de cualquier programa hacia adelante. Llevará algún tiempo estabilizar el nuevo esquema, dado que para estabilizar hoy se está generando un nuevo problema para mañana (fin de noviembre, en principio) a través del drástico aumento de encajes que se define como un proceso transitorio. Al fin del día será la demanda de dinero, cuando se recupere,  es decir cuando retorne la confianza en la política monetaria, la que permitirá avanzar en un proceso de estabilización.

Hasta entonces, la actividad económica probablemente siga reflejando por algún tiempo más caídas sectoriales que se combinarán con otros sectores en recuperación. El tiempo que demande dar vuelta la incertidumbre actual no dependerá solo de la política, aunque el eslogan de “es la política» sirva en la campaña actual. Como se decía en la campaña presidencial de Clinton, es la economía.


Juan Luis Bour

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