Infraestructura escolar y aprendizajes: ¿qué dice la evidencia para nuestro país? (Parte II)

Esta segunda nota, que resume y adelanta la investigación: “Infraestructura escolar y aprendizajes: evidencia para la Argentina”, muestra que, por un lado, la dimensión de infraestructura escolar es otra de las fuentes de heterogeneidad entre las jurisdicciones, y por el otro, que esta fuente de variabilidad explica también los logros educativos de los estudiantes.


En la nota del mes anterior de esta sección de Indicadores de Coyuntura revisábamos las condiciones de infraestructura escolar de las provincias de nuestro país resumiendo parte de la investigación: “Infraestructura escolar y aprendizajes. Evidencia para la Argentina” (de próxima publicación). En esta segunda nota, la idea es exponer los principales hallazgos que brinda el estudio sobre los vínculos del aprendizaje con la infraestructura.

Con el objetivo de investigar esta relación, se plantea una función de producción educativa que incluye factores relacionados a la escuela, las familias y el estudiante para explicar los logros educativos. Estos últimos se aproximan utilizando el puntaje en lengua del operativo nacional Aprender, que busca evaluar la comprensión lectora de los estudiantes de 6to grado. De las variables de la escuela, además de las relacionadas con la infraestructura, se cuenta también con datos sobre el índice de contexto social de la escuela, el tamaño del establecimiento, la presencia de cooperadora y, sobre todo, indicadores que aproximan la efectividad pedagógica de la escuela, como tasas de promoción o el puntaje promedio de la escuela en operativos de evaluación anteriores. Esta última variable, que tiene implícita la calidad docente, permitiría aislar el logro individual del estudiante de la eficacia de la escuela en el aporte a dichos aprendizajes. También se cuenta con el número de estudiantes por sección y el nivel de segregación socioeconómica de la sección. Del director, se consideran variables relativas al género, la edad y su formación académica. Del estudiante, se releva género, edad, la repitencia – como una aproximación imperfecta a la habilidad del estudiante – y un índice que mida la relación con sus compañeros[1].

Para la estimación se utiliza un modelo lineal jerárquico que permite incorporar la estructura de los datos, esto es, que los estudiantes están agrupados en secciones y éstas en escuelas, corrigiendo por la no independencia de las observaciones en dichas agrupaciones. Como primera estrategia, para aislar mejor el efecto de interés – la infraestructura – se decide segmentar el análisis en grupos de estudiantes que compartan características similares asociadas a su nivel socioeconómico y a las preferencias de las familias: tipo de escuela elegida (pública o privada) y lugar de residencia (urbano o rural). 

Las estimaciones para el sector público urbano, una vez que se controla por todas las variables recién descriptas, muestran que:

  • Los diferenciales en las escuelas respecto al acceso a agua de red, a electricidad y calefacción en las aulas, son los servicios de infraestructura básica que surgen como más relevantes en la explicación de los aprendizajes de los estudiantes más vulnerables. Y del equipamiento escolar, tanto el índice de nuevas tecnologías como el que mide el equipamiento de las bibliotecas se observan asociados a los logros educativos[2].  Ni el  acceso a internet, ni la conectividad en espacios de aprendizajes aparecen como estadísticamente significativos para este grupo de estudiantes una vez que se controla por la eficacia pedagógica de la escuela, las características propias del estudiante, del director y del grupo de pares.
  • Son más las variables de infraestructura escolar que se asocian positivamente al rendimiento académico de los estudiantes de sectores medios. Entre los servicios básicos aparecen: el agua de red pública, la calefacción,  y el acceso para personas con discapacidad – las rampas comenzaron a figurar entre las regulaciones obligatorias hace poco tiempo, lo que puede estar implicando que se trata de escuelas más nuevas y mejor mantenidas en general- , y entre las de orden más curricular aparecen: la conexión de internet en espacios de aprendizaje, así como el equipamiento general y de nuevas tecnologías en la escuela y en la biblioteca.
  • Para el sector del NSE alto, son los diferenciales del establecimiento que miden internet y conectividad de los espacios de aprendizaje los que cobran mayor relevancia para los aprendizajes, por sobre el equipamiento general de la escuela y/o la biblioteca. Entre los servicios básicos, es la presencia de agua potable, la electricidad y el acceso para personas con discapacidad los que aparecen como significativos para los logros educativos de este grupo.

Es decir, en las escuelas públicas urbanas, al contrastar los tres grupos socioeconómicos, se observa que el tipo de equipamiento del establecimiento y los recursos de la biblioteca son especialmente relevantes para los aprendizajes de los estudiantes de bajos ingresos: la magnitud de ambos coeficientes duplica al de los del NSE medio. En cambio, entre los estudiantes de mayores ingresos, no es el equipamiento escolar, sino la conexión a internet en espacios de aprendizaje lo que facilita mejores logros. Esto podría estar señalando que los primeros sólo cuentan con dichos recursos en el ámbito escolar, mientras que los segundos ya cuentan con esos dispositivos en sus hogares, y es el acceso a información y recursos educativos en los espacios de aprendizaje en la escuela, con sus pares, lo que hace la diferencia. Y paralelamente, tanto el equipamiento como la conectividad en espacios de aprendizaje se asocian a mejores resultados educativos en los sectores medios, que, recordemos, representa a la mayoría de la población estudiantil de las escuelas públicas. 

En el sector privado, dado que los estudiantes del NSE bajo representan solo el 2% del total que asiste a las escuelas privadas en esta cohorte de 6o grado, el análisis se reagrupa en dos categorías, nivel socioeconómico bajo y medio por un lado y NSE alto por otro. Los resultados son, sin embargo, muy homogéneos para ambos grupos, el agua de red y las cloacas son los dos servicios de infraestructura básica que se asocian positivamente con la performance educativa de los estudiantes de este sector,  al igual que contar con laboratorio de informática, equipamiento general y de nuevas tecnologías; la conexión a internet es relevante sobre todo en los espacios de aprendizaje y/o en la sala de informática.

Por otro lado, el análisis recién descripto se lleva a cabo sin incorporar el rol de las jurisdicciones en las estimaciones, no por desestimar su importancia, sino justamente por su relevancia;  la heterogeneidad de los resultados educativos del país se justifica en gran medida por la provincia o región de origen (Templado, 2019). Al incorporar el efecto no observado de cada jurisdicción en la estimación, se observa que en el sector público varias de las condiciones de infraestructura antes vistas pierden su significatividad (especialmente en las escuelas donde asisten estudiantes del NSE bajo), sugiriendo una fuerte asociación entre la presencia o no de los servicios de infraestructura y la jurisdicción. Mientras que por otro lado, en el sector privado los resultados casi no cambian al controlar por las jurisdicciones, indicando una oferta más pareja en cuanto a infraestructura escolar.

En resumen, si bien actualmente se concibe un marco más amplio de infraestructura escolar (Barret et al., 2019), que incluye no solo las condiciones edilicias generales del establecimiento o los recursos y espacios académicos, sino también cuestiones relacionadas con la luminosidad, los niveles de ruido, la ventilación, la configuración de los espacios escolares (Bosch, 2018) y hasta los vínculos con la comunidad de pertenencia; los datos disponibles para el país sólo permiten estudiar las condiciones más generales: el nivel edilicio y la presencia o no de servicios, equipamiento y espacios de aprendizaje específicos. 

En este contexto, la evidencia de esta investigación muestra que, por un lado, la dimensión de infraestructura escolar es otra de las fuentes de heterogeneidad entre las jurisdicciones, y por el otro, que esta fuente de variabilidad explica también los logros educativos de los estudiantes. En efecto, tanto la infraestructura medida por la presencia o no de servicios básicos como los recursos más de índole curricular se asocian  a los logros educativos. Entre los primeros se destacan el acceso a agua de red, la electricidad y la calefacción en las aulas. Entre los segundos, el acceso a internet, la conectividad de los espacios de aprendizaje y el nivel de equipamiento escolar, que cuanto más nuevo, mejor.

El tipo de equipamiento con que cuentan los establecimientos públicos, así como los recursos de la biblioteca son especialmente relevantes para los aprendizajes de los estudiantes de bajos ingresos que concurren a este sector. Para este grupo, el valor de estos recursos duplica en importancia al de los estudiantes de los sectores medios. Para los de mayores ingresos, es la conexión a internet en espacios de aprendizaje lo que facilita mejores logros, posiblemente porque los primeros sólo cuentan con dichos recursos en el ámbito escolar, mientras que los segundos ya disponen de los mismos en sus hogares, y es el acceso a información y recursos educativos en la escuela, en la interacción con su grupo de pares, lo que hace la diferencia. En el sector privado, predomina la asociación entre infraestructura escolar curricular – equipamiento y conectividad en espacios de aprendizajes – con los logros educativos. Lo que se asemeja a los resultados encontrados para los sectores más favorecidos de las escuelas públicas.

A partir de esta evidencia, se sugiere que, como primer paso, sería recomendable llevar a cabo el censo de infraestructura escolar 2021/2022, que ya está demorado y hacer efectivas las propuestas y lineamientos planteados en el mismo. Por ejemplo, la generación de una base de datos homologada a nivel nacional que incluya los sistemas existentes, diseñar indicadores por provincia que permitan evaluar el cumplimiento de las obligaciones estatales respecto a la infraestructura escolar para garantizar el acceso tanto como los aprendizajes, y  capacitar a las jurisdicciones en las funciones y sistemas de infraestructura escolar que les competen.  Un buen diseño y uso de dichos indicadores debería orientar la inversión y promover un seguimiento actualizado y continuo, que resulte en una infraestructura educativa más equitativa para los estudiantes de todo el país. Y que a su vez permita generar nueva evidencia que posicione en la agenda política el tema de la infraestructura escolar y su relevancia para los aprendizajes.

Cuadro 1: Índices de equipamiento

Índice de equipamiento general: resume la tenencia o no de equipamiento. Es positiva cuantos más dispositivos posea el establecimiento, aunque ponderando más las tecnologías más nuevas (impresora 3d, pizarra digital, webcams, servidores o scanners), y es negativa ante el déficit o cuanto más viejos tecnológicamente sean los dispositivos.

Índice de nuevas tecnologías: esta variable indicadora hace más énfasis todavía en la tecnología, porque separa los establecimientos que sí tienen pizarra digital, impresoras 3d y servidores y a la vez no tienen equipos de TV, multimedios, CD/DVD, o  impresoras comunes. Es decir, se vuelve positiva cuando se verifican las dos condiciones: establecimientos que adoptaron lo nuevo y descartaron lo viejo a nivel tecnológico; y se vuelve negativa en caso contrario.

Índice de equipamiento de las bibliotecas: al igual que en el caso anterior, a partir de la tenencia o no de televisor, sistema multimedia o cañón, scanner, webcam, CD, DVD, impresora o servidor en el espacio de la biblioteca se generó una variable indicadora que resume la presencia de estos equipos. La variable indicadora resultante es continua, es positiva, y aumenta cuando están disponibles y decrece en caso contrario.

Ivana Templado


[1] Las bases de datos relevadas son las de los operativos Aprender 2018 y 2019 y los relevamientos anuales (RA) del Ministerio de Educación de la Nación.

[2] Ver Cuadro de índices de equipamiento para su definición.

Referencias

Barrett, P.; Treves, A.; Shmis, T.; Ambasz, D. y Ustinova, M. (2019). The Impact of School Infrastructure on Learning: A Synthesis of the Evidence. International Development in Focus. Washington, DC: World Bank. doi:10.1596/978-1-4648-1378-8.

Bosch, Rosan (2018). Diseñar un mundo mejor empieza en la escuela. Rosan Bosch Studio. ASIN: B07CNM78ZK.

Templado, I. (2019). Pruebas APRENDER: la dimensión regional. Mismos derechos, distintas oportunidades.  FIEL. Documento de Trabajo N° 130.

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