2022 en una mirada desde el fisco: cuando lo que importa es el corto plazo

La escena podría sintetizarse en estas dos líneas de diálogo:

-Cumplimos; sí, sí, cambiando un poco las reglas, pero lo importante es que cumplimos.

-Aprobado, aunque eso no está bien. Y miren que vemos que la situación sigue complicada.


Los números de 2022

El primer año de esta década, primero también de la actual administración, cerró con un déficit primario de 6.4% del PIB y un déficit global de 8.4% relativo al mismo indicador. Claro que 3.4% del PIB correspondió a gastos directamente vinculados a la pandemia por el COVID 19. Sin considerarlos, aquel año habría terminado con un déficit primario del 3% del PIB. El mismo resultado para 2021 neto de ingresos y gastos extraordinarios, fue un déficit de 2.5% del PIB, en tanto que, después de la reestructuración de la deuda, el resultado global -neto de ingresos y gastos extraordinarios- llegó al 4.0% del PIB. Los gastos extraordinarios correspondieron, como en 2020, a la asistencia por el COVID 19; los ingresos, al impuesto sobre grandes riquezas que se apodó ahorro solidario y a los Derechos Especiales de Giro –DEGs- recibidos por la capitalización del FMI.

Cuadro 1

2021 cerraría con un déficit primario dentro del margen del Acuerdo de Facilidades Extendidas logrado en marzo con el FMI, casi sin gastos vinculados con el COVID 19 (0.1% del PIB) y con duplicación de los ingresos por rentas extraordinarias (en este punto se llegó a un acuerdo para limitar el uso de este mecanismo contable). El déficit global se ubicaría en el 4.1% del PIB. De hecho, para los números de diciembre hay algún margen o bien para liberar mínimamente algunos gastos, ya para reducir libramientos impagos –deuda flotante- por debajo de lo que impone el acuerdo.

De todos modos, aunque el panorama luce más razonable, no todo es color de rosas en el frente fiscal. De hecho, si se netean los ingresos por rentas de la propiedad del Tesoro, el resultado primario “normal” se ubicaría en 2.9% del PIB, con lo que sería algo mayor al registrado en 2021.

El Cuadro 1, aunque bien sintético, permite notar algunas cuestiones claramente: (i) los ingresos tributarios (AFIP+ANSES) han permanecido invariables –en relación con el PIB- en los últimos tres años; (ii) aún con recortes de caja, la ayuda de erogaciones que se ajustan a los precios con rezago en un escenario de inflación creciente y el inicio de suba de tarifas, el gasto primario (neto de gastos Covid) aumentó en 2022 respecto de 2021.

Hasta aquí los números fiscales en frío. En cuanto al financiamiento, el total de deuda aumentó, en los últimos 11 meses, unos USD 21500 millones, alcanzando al cierre de noviembre a USD 384.7 miles de millones. Contrariamente, el stock de adelantos transitorios del BCRA al Tesoro habría disminuido en 2022 respecto de los años previos: si consideramos el stock a noviembre, éste se ubicaría en el 3.4% del PIB respecto del 4.7% de 2021 y 4.6% de 2020.

Algunos hechos relevantes

El primer hito del año fiscal fue la firma del acuerdo de Facilidades Extendidas con el FMI en el mes de marzo, con condicionalidades cuantitativas, en materia fiscal, sobre el nivel de gasto primario de la Nación, el déficit primario, la acumulación de deuda flotante, el crecimiento de los ingresos y el gasto social; las metas monetarias incluyeron la acumulación de reservas y el financiamiento del BCRA al Tesoro. Al mes de septiembre todas estas metas, excepto el piso para el gasto asistencial, fueron cubiertas y todo indica que en marzo se aprobará el cumplimiento de los objetivos para el cierre del año. Sin embargo, ello no fue sin sobresaltos, que estuvieron representados, por ejemplo, en la renuncia de dos ministros de economía en los meses de junio y julio (previa renuncia del Ministro de Desarrollo Productivo en mayo). La renuncia del Ministro Guzmán ocurrió en el marco de un proceso de aumento de la percepción de probabilidad de no pago por parte del Estado y/o de un eventual –y cercano- salto devaluatorio; la de Batakis, por la percepción de falta de poder de la ministra recién asumida.

Por otra parte, el logro de las metas cualitativas fue en parte a costa del desvío respecto de criterios cualitativos continuos vinculados a la introducción o intensificación de restricciones cambiarias y a la proliferación de diferentes tipos de cambio. Sólo a modo de ejemplo vale citar el dólar soja al que los exportadores liquidan sus ventas o la suba del pago a cuenta en compras en el exterior o a proveedores del exterior, con una base de aplicación también ampliada (vg. importación de ciertos bienes suntuarios).

Por consiguiente, aún con las metas cumplidas, las autoridades del FMI consideran que la Argentina se encuentra bajo un alto riesgo de stress soberano. En palabras del Informe: “Las herramientas del Marco de Sostenibilidad de la Deuda y Riesgo Soberano indican que la deuda es sostenible pero no con alta probabilidad, aunque los riesgos generales de tensión soberana son elevados.” (“The Sovereign Risk and Debt Sustainability Framework tools indicate that debt is sustainable but not with high probability, although overall risks of sovereign stress are high.”).


Cynthia Moskovits

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