Los datos internacionales muestran el debilitamiento extremo de las reglas del multilateralismo y, en contraste, la resiliencia de los flujos comerciales que mantienen su valor con modificaciones de orígenes y destinos. Ese escenario se va modificando por iniciativas de políticas unilaterales, sobre todo las provenientes de los Estados Unidos. Por su parte, los datos de la Argentina muestran el avance de su estrategia para ganar una mayor inserción internacional a partir de una situación de economía cerrada al mundo. Para seguir adelante por ese camino resulta de suma utilidad el seguimiento de las novedades de la economía mundial dado el alto nivel de incertidumbre observado en las relaciones internacionales.
A partir de abril de 2025, las nuevas tendencias políticas y económicas subyacentes, que habían ido moldeando la realidad mundial en el nuevo siglo, se volvieron explícitas y pusieron de manifiesto el debilitamiento grave del modelo de reglas internacionales consensuadas y del multilateralismo económico como guías para las relaciones entre países. Hasta ese momento, los fuertes cambios que enfrentaba el mundo trataban de encuadrarse en la institucionalidad internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, que había sido diseñada durante la Guerra Fría y que se fortaleció con la caída del Muro de Berlín (1989) y el ingreso de China a la Organización Mundial del Comercio (solicitado en 1995 y concretado en 2001). Entre esas instituciones, en el plano económico sobresalieron la Organización Mundial del Comercio (heredera del Acuerdo General de Comercio y Aranceles), la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y, especialmente, los organismos multilaterales de crédito (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial).
En ese período de construcción de consensos internacionales, crisis diversas y nuevas tendencias económicas dieron lugar a iniciativas para agregar distintos mecanismos de colaboración multilateral como la creación del G20 en 1999 y su jerarquización en 2008 por la crisis financiera internacional; la firma de acuerdos económicos amplios que incluyeron acuerdos preferenciales de comercio en el Este Asiático y en el Pacífico o la colaboración internacional sanitaria durante la crisis del Covid-19. El mundo insistía en sostener sus instituciones multilaterales y buscaba encarar los problemas globales de seguridad alimentaria o cambio climático con iniciativas amplias dentro de ese marco. A partir de 2020, con el quiebre de las cadenas de valor internacionales de comercio e inversiones como consecuencia de las restricciones que impuso la pandemia, los cambios en el escenario internacional se aceleraron.
En 2025, con el regreso de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la discusión internacional se modificó radicalmente y el mundo se movió desde el mencionado escenario de negociación con reglas a uno de decisiones unilaterales avaladas por el peso económico y de fuerza militar de los principales países en contienda (Estados Unidos, Federación Rusa, Unión Europea y, con una modalidad propia, más moderada, China).
Entre 2025 y lo que va de 2026, las sucesivas iniciativas de los Estados Unidos tanto en el terreno económico como político no tuvieron los resultados esperados y terminaron poniendo en entredicho la continuidad del liderazgo estadounidense en el mundo. En ese marco de cambios, la diversidad de iniciativas de la propia administración estadounidense ha generado un aumento de la incertidumbre para sus países aliados tradicionales (la Unión Europea, el Reino Unido e Israel como uno de sus socios más estrechos) y estrategias defensivas y ofensivas diversas entre sus países competidores en las áreas políticas (Federación Rusa y China) y económicas (China, India y países del Este y Sur Asiático).
Llegados a este punto, vale la pena repasar algunos datos útiles para navegar el mundo de las relaciones económicas internacionales y trazar algunas tendencias para el caso argentino.
En primer lugar, los datos y las novedades políticas del escenario internacional muestran una mezcla de permanencia estructural y cambios con consecuencias futuras. Así, la participación en las exportaciones mundiales de China se mantuvo en un 14,4% en 2025 (17,3% si se incluyen las exportaciones desde Hong Kong, región administrativa especial de China), al tope del ranking como culminación de un camino de incrementos que comenzó en la década de los 90 pero que se consolidó a partir de 2006 cuando China ocupaba el tercer lugar del mencionado ranking, con un 9,4% de participación. En su camino, desplazó a Alemania y a los Estados Unidos (6,7% y 8,2% de participación, respectivamente). La estrategia export-led de China también hizo que su participación en las importaciones mundiales creciera menos, llegando en 2025 hasta un segundo puesto después de los Estados Unidos (9,2% y 13,7%, respectivamente).
En un mundo más preocupado por asegurar las “producciones locales estratégicas”, las exportaciones chinas comenzaron a enfrentar nuevas barreras con un fuerte “decoupling” observado en su flujo bilateral con los Estados Unidos y con limitaciones selectivas especialmente en los países europeos (por ejemplo, aranceles de la Unión Europea sobre vehículos chinos o tasas específicas para compras en distribuidores on-line como Temu y Shein). Destaca la magnitud de la caída del intercambio entre los Estados Unidos y China y la reducción a la mitad el saldo negativo del balance bilateral que afectaba a los estadounidenses, desde un promedio de USD 320.000 millones entre 2014-2023 hasta unos USD 160.000 millones en la actualidad (equivalente a un cuarto del PBI en dólares de la Argentina).
En segundo lugar, pese a las tensiones descriptas, los pronósticos disponibles muestran que los flujos internacionales de comercio se mantienen. ya que los países en desarrollo aumentan su participación por la vía de acuerdos comerciales preferenciales y China ha redistribuido sus ventas desde su principal cliente, los Estados Unidos, al resto del mundo. Las importaciones de los Estados Unidos provenientes de China eran del 22% de su total importado en 2017 y cayeron al 9% en 2025. Con todo, los Estados Unidos no han podido reducir la dependencia de ciertos insumos de origen chino como tierras raras y componentes electrónicos.
Como dato a tener en cuenta, la interconexión mundial de comercio, inversiones y flujos de personas que se refleja anualmente en el índice respectivo de la empresa de logística DHL llegó a su récord en 2022 y desde entonces no ha descendido. Tampoco se espera que lo haga en el futuro próximo, 2026-29.
Esta resiliencia estaría explicada, en parte, por nuevas relaciones económicas entre las llamadas “potencias medias”, países de ingresos medios altos que se unen al comercio mediante acuerdos preferenciales con sus socios más cercanos. Entre ellos, por ejemplo, la nueva administración laborista del Reino Unido buscaría jugar un rol más activo dentro de ese conjunto de países (nuevo Primer Ministro Andy Burnham), a la vez que países de la Unión Europea, como Alemania, buscarían reactivar sus economías con nuevas exportaciones (modernización del acuerdo con México, acuerdo con India y el Mercosur, etc.). Notablemente, las disrupciones de los precios internacionales del petróleo y el gas derivadas de la invasión rusa a Ucrania (febrero de 2022) y el conflicto de EE.UU e Israel con Irán (febrero de 2026) afectarían el crecimiento internacional, pero llevarían a una intensificación del desarrollo de proveedores alternativos y del intercambio internacional de esos productos.
Muy recientemente, en el mes de julio, como principal amenaza a este escenario de resiliencia, apareció nuevamente una iniciativa unilateral de los Estados Unidos en la fijación de aranceles a 60 países incluidos varios de sus aliados más cercanos y su reticencia a una renovación de largo plazo de su principal acuerdo comercial que incluye a sus socios de Canadá y México (TLCAN). Luego del fallo de la Corte Suprema estadounidense en contra de los aranceles de abril de 2025, la administración Trump hace un nuevo intento aplicando el art. 301 de la Ley de Comercio de 1974 a países que, según su análisis, reciben importaciones de orígenes que no respetan los derechos laborales. El nuevo arancel es del 10% o 12,5%, que en algunos casos se suma al arancel existente y en otros actúa como tope máximo. La Casa Blanca ha declarado que, en el caso de la Unión Europea, los nuevos aranceles son una respuesta a las penalizaciones sufridas por las empresas tecnológicas estadounidenses por alegadas infracciones a la Ley de Mercados Digitales (casos de X y Google, por ejemplo). En el caso de nuestro país, ese arancel no incluiría a la lista de productos convenidos en el acuerdo bilateral de comercio e inversiones (ARTI) de noviembre de 2025, que cubren a la mayoría del contenido del comercio bilateral.
En el marco de la nueva estrategia externa de los Estados Unidos, también se hicieron explícitos intereses que apuntan a la apertura del Ártico como ruta marítima y señalan la amenaza de Rusia y China en esa región donde, además de la ocupación estratégica de las vías navegables, existiría una importante riqueza minera que podría volverse disponible.
Atendiendo a la descripción anterior puede avanzarse ahora en el análisis de la situación de nuestro país en el nuevo contexto internacional. Como ha ocurrido a lo largo de su historia reciente, la situación argentina contrasta con la realidad mundial. En efecto, hasta fines de 2024 nuestro país insistió en su estrategia de crecer sobre la base del consumo interno y la sustitución de importaciones industriales como regla general y sólo probó las ventajas del comercio y las inversiones internacionales durante episodios muy cortos (Plan de Convertibilidad de los 90 y período 2016-19 del gobierno del presidente Macri) que no pudieron consolidarse y mostrar los resultados esperados de un mayor crecimiento económico. En la actualidad, cuando el mundo vuelve al proteccionismo y a las políticas industriales estratégicas, la Argentina se encuentra cursando una reforma económica profunda que, entre otros objetivos, busca revertir esa historia de muy limitada inserción internacional.
Como en el caso mundial ya descripto, algunos datos ayudarán a entender nuestra situación actual. Desde la década de 1970, la participación argentina en el comercio mundial de bienes ha sido inferior al 0,5%. Esa participación se sostiene en las exportaciones agroindustriales y mineras de nuestro país que han crecido en el tiempo a pesar de los sesgos de la política comercial contrarios a su desarrollo. Esa participación se inscribe, a su vez, en una muy baja participación de América Latina en su conjunto, que alcanza a un 5,7% de las exportaciones mundiales. En el Gráfico 1 se muestra que, dentro de la baja participación regional, el esfuerzo exportador argentino, medido por las exportaciones por habitante se encuentra por debajo del promedio regional. A su vez, el Gráfico 2 releva los coeficientes de apertura de países seleccionados. Este indicador corresponde al promedio de exportaciones e importaciones sobre el PBI de cada país. En un mundo en el que el coeficiente de apertura alcanza, en promedio, al 30% del PBI mundial, en la Argentina ese coeficiente ronda el 12%.
Gráfico 1

Nota: el caso de Guyana es excepcional debido al reciente descubrimiento de petróleo en su territorio y su escasa población.
Gráfico 2

Como ya se mencionó, la Argentina desconoció las ventajas del comercio internacional y ejerció una política fuertemente proteccionista que combinó aranceles con escalonamiento por valor agregado que, en promedio, más que triplicaban a la media internacional (compartidos con los países del Mercosur) y barreras burocráticas de control de importaciones. Esto dio lugar a un sesgo anti-exportador que, como se observa en el Gráfico 3, sólo cedió significativamente en episodios limitados en el tiempo. El índice de sesgo anti-exportador efectivo, se calcula como el cociente entre el tipo de cambio más los aranceles de importación cobrados y el tipo de cambio más los subsidios de exportación, en nuestro caso, impuestos a las exportaciones. La evolución de este indicador mide, aproximadamente, cuánto ganan diferencialmente las empresas por vender en el mercado interno con respecto a vender en el mercado internacional. Como puede observarse, durante la etapa de una economía con muy elevados aranceles entre los 70 y los 80, el sesgo anti-comercio de la Argentina estaba en el orden del 25%. Sólo en la etapa de la convertibilidad la economía se hizo más pro-exportadora, aunque sufrió un atraso cambiario importante que limitó la operación de los nuevos incentivos (menores aranceles y eliminación de retenciones). En los 2000, el sesgo anti-exportador se retomó y sólo se vislumbró un atisbo de cambio de rumbo entre 2016 y 2018. A partir de 2025, ese sesgo está en retroceso impulsado por la nueva política económica del gobierno del presidente Milei.
Gráfico 3

Por último, deben recordarse dos aspectos importantes de estas reformas comerciales. Un primer aspecto reconoce que en el camino de una mayor apertura de la economía habrá “ganadores y perdedores” debido a una mayor exposición a la competencia internacional. Esa competencia potencia a los sectores más eficientes en cada país, desplaza a los menos eficientes y altera la distribución del ingreso y la distribución territorial de las actividades. En los casos más severos obliga a importantes cambios del patrón productivo, aumentando la especialización por país. Ante estos ajustes, el rol del Estado es el de acompañar el cambio que, en general, puede ser financiado a través de compensaciones entre ganadores y perdedores.
En el mundo real, la respuesta proteccionista a las consecuencias de la redistribución de actividades en un escenario de mayor competencia se ha combinado, como se observa en el mundo actual, con las estrategias nacionales para promover el crecimiento en sectores predeterminados, las acciones para atender los intereses sectoriales ya consolidados en cada país y el interés político de dar satisfacción a los votantes sobre la previsibilidad de su futuro laboral. Análisis más recientes, además, informan que otro efecto que exacerbó el mecanismo de “ganadores y perdedores” fue el de la posibilidad de “desestructurar” el proceso industrial y crear cadenas de valor que aprovecharon las ventajas de cada país en cada parte del proceso. En ese escenario, la competitividad industrial de China se hizo evidente y, en el caso argentino, creó una fuerte presión sobre la industria local que se sorteó a través del uso de instrumentos directos de restricción al comercio a partir de 2007 con una breve interrupción, como ya se comentara, durante el gobierno del presidente Macri.
Un segundo aspecto se refiere al desenvolvimiento temporal de los resultados de la reforma comercial. Las oportunidades en nuevos sectores liberados al comercio y la reconversión de sectores históricos requieren de nuevas inversiones con diversos períodos de maduración. La iniciativa actual de mejorar la inserción internacional de nuestro país es incipiente y su estrategia no ha sido explicitada en cuanto a etapas e instrumentos. La puesta en marcha de regímenes favorables a la inversión sugiere que las autoridades irán completando las acciones necesarias a medida que la convergencia macroeconómica lo permita.
Por el momento, los avances en la desburocratización del comercio y la reducción de la carga impositiva han sido múltiples, tanto del lado importador como exportador, y han logrado un cambio en el clima de negocios que empieza a reflejarse en los resultados de la balanza comercial de bienes y servicios. Así, en los primeros seis meses del año las exportaciones crecieron un 24,4% hasta USD 49.454 millones, mientras que las importaciones fueron suavizando su reducción, que acumuló un -3,9% en el período debido a la caída del consumo local (USD 39.742 millones). El saldo comercial fue de USD 13.923 millones, que ya supera el saldo positivo total del año anterior (USD 11.320 millones). Brasil y China siguen destacando como principales socios comerciales. Los términos del intercambio siguieron siendo favorables a nuestro país con aumento del precio de nuestras exportaciones superior al encarecimiento de nuestras importaciones (9% vs. 6,1%, respectivamente).
Por último, recientemente se han abierto algunos interrogantes con respecto a nuestra estrategia de comercio exterior que se refieren al rol de nuestros socios comerciales principales. En el caso de Brasil, los roces políticos entre los presidentes Milei y Lula incomodan las relaciones bilaterales y las negociaciones dentro del Mercosur, aunque difícilmente afecten seriamente el intercambio comercial. Para la Argentina esta relación es muy significativa ya que el acuerdo para el intercambio administrado de automotores ha sido uno de los elementos que ayudó al mantenimiento de la cadena de valor automotriz en nuestro país. A la vez, Brasil sigue siendo un cliente relevante para el trigo y el petróleo de la Argentina y un abastecedor muy significativo de amplio rango de bienes donde se destacan los automóviles y la energía eléctrica (21,5% de las importaciones totales del primer semestre de 2026). En el caso de China, nuestro país comparte el mismo problema con el resto de los países latinoamericanos que se refiere a las consecuencias de la competencia económica entre los Estados Unidos y ese país. La idea del presidente Trump es preservar el espacio americano fuera de la influencia china e intensificar las relaciones económicas y políticas con nuestra región (la llamada doctrina Donroe, recordando la doctrina Monroe de “América para los americanos”). La nueva iniciativa arancelaria de los Estados Unidos podría intentar, potencialmente, abrir un espacio de negociación para imponer más límites a China en la región.
Esta síntesis de hechos y datos busca ser de utilidad para mejorar la evaluación de los desafíos que aun debe enfrentar nuestro país para alcanzar el objetivo de una mayor inserción internacional. El escenario se presenta incierto debido a los cambios significativos que se van desarrollando en las instituciones y modalidades de la política comercial mundial y cualquier diagnóstico resulta transitorio y sujeto a revisiones. Además, varios aspectos importantes tendrán impactos adicionales, como los cambios que derivarán del desarrollo de la inteligencia artificial y la computación cuántica, la evolución del cambio climático o los avances de la industria espacial. Como, en ocasiones ocurre al final de una película, vale terminar este breve análisis con la frase: “esta historia continuará……”
Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez
