La prioridad del comercio exterior como eje de crecimiento: un nuevo intento de la Argentina

El primer trimestre de 2026 muestra resultados alentadores para el comercio internacional de bienes y servicios de la Argentina. El patrón exportador está incorporando sectores con buena capacidad de crecimiento y la Argentina negocia en un escenario de un mundo cada vez más fragmentado. El país debe remontar varias décadas que fueron bien aprovechadas por otros países en desarrollo en el Asia y en nuestra propia región latinoamericana.


A lo largo de los últimos 60 años, los países en desarrollo, que mejoraron su crecimiento y alcanzaron posiciones cada vez mejores, han trazado un camino en el que el comercio exterior jugó un rol central como factor de empuje. Los primeros de ellos iniciaron una estrategia “export-oriented” aprovechando sus ventajas de mano de obra barata y con buen nivel educativo a lo que fueron sumando elementos de mejora competitiva en tecnología e infraestructura para el comercio. Esos son los casos de los Tigres Asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur y Hong Kong) y, con algunos matices, de los Tigres Menores (Malasia, Tailandia, Indonesia y Filipinas).  En ese período, el comercio de bienes se fue intensificando en el mundo que avanzaba hacia el multilateralismo de la mano del Acuerdo General de Comercio y Aranceles (GATT) convertido en la Organización Mundial del Comercio a partir de 1995 con el aval inicial de 123 países hasta completar un total de 166, que cubren prácticamente la totalidad de comercio mundial.

En los 90, el modelo multilateral incluyó un proceso de globalización durante el cual los productos intermedios de las cadenas de valor comenzaron a dominar los intercambios, lo que favoreció a numerosos países en el Este asiático. Entre 1995 y la actualidad, el volumen del comercio de bienes creció un 4% anual y su valor un 6% anual. La característica de este proceso de globalización ha sido un crecimiento del comercio superior al crecimiento económico de los países, cercano al 3% anual, aumentando la importancia del primero como factor de expansión.  Sin duda, otra característica dominante de ese período fue la incorporación plena de China a los mercados internacionales, proceso que se inició en los 80 y que la convirtió en la “fábrica del mundo” (ingresó a la OMC en 2001). En paralelo, los países más avanzados, con dominio de las nuevas tecnologías, lideraron el comercio de servicios tecnológicos. El comercio de servicios participa hoy en casi un 30% dentro de los flujos totales del comercio. Dentro de este conjunto, el aumento del desarrollo dio lugar a un crecimiento del turismo como servicio de exportación.

Esta fase de crecimiento generalizado del comercio atravesó episodios de crisis económicas mundiales (crisis del petróleo de inicios de los 70, crisis financieras en 1997 y en 2001 entre otras) que no alteraron su rumbo. En contraste, luego de la última crisis financiera de 2008-2012, avanzando por la inesperada crisis de la Pandemia de 2020-21, los países más adelantados registraron una creciente oposición de la población al sendero que transitaba la economía mundial. Los actores políticos de raíces nacionalistas fueron ganando apoyo popular y en algunos países, como la Federación Rusa y países de Europa del Este, se renovó la apuesta por una política económica externa de corte “mercantilista” en un marco político de restricciones a la democracia, como atestiguan varios índices internacionales como los de Freedom House o The Economist. En los Estados Unidos, la primera presidencia de Trump (Partido Republicano) mostró un viraje inicial hacia la protección del mercado local frente a las importaciones, que luego tuvo continuidad en la presidencia de Biden (Partido Demócrata) bajo un formato de política industrial (autosuficiencia tecnológica, transición energética y abastecimiento propio para la seguridad nacional), para culminar en la actual estrategia de “coerción arancelaria” durante la segunda presidencia de Trump.

En este período reciente, la globalización se modificó para transformar a las cadenas de valor productivas en cadenas más cortas y con abastecedores cercanos o de países amigos (nearshoring y friendshoring). En este período también se hace explícito el enfrentamiento económico entre China y los Estados Unidos. En la última década, China dio muestras de haber escalado en las cadenas de valor hasta alcanzar posiciones de liderazgo. La preocupación de los principales países industriales, con Estados Unidos a la cabeza, se vincula con la importancia estratégica que adquirió el abastecimiento chino en cadenas de alta tecnología, incluyendo las industrias digitales, las nuevas producciones para el cuidado ambiental, la industria automotriz y la de defensa. A todo esto se suman los conflictos bélicos locales que tuvieron consecuencias económicas internacionales. En particular se destaca el tema de la producción y distribución de productos de la energía, petróleo y gas. Estos mercados se vieron alterados inicialmente por las restricciones impuestas a Rusia luego de su invasión a Ucrania y las distorsiones de abastecimiento y precios se hicieron máximas con el ataque de los Estados Unidos e Israel a Irán.

Un indicador de las consecuencias del avance de China como proveedor masivo de bienes industriales es la caída en las principales economías de la participación de la actividad industrial en la actividad total (ver Cuadro 1). Este efecto también se verificó en los países en desarrollo, en particular en los latinoamericanos, caracterizados históricamente por su industrialización por vía de la sustitución de importaciones luego de la Segunda Guerra Mundial. Los trabajadores de esos países fueron desplazados de sus empleos y los salarios de los niveles medios se estancaron.

Cuadro 1

Pese a los cambios en las políticas comerciales que actualmente reflejan una tendencia hacia la fragmentación por razones geopolíticas, el comercio internacional de bienes mantuvo su resiliencia y siguió creciendo. En 2025, la tasa de crecimiento (a valores corrientes) fue del 7%. A la vez, y pese al intento de desacople entre los Estados Unidos y China, los roles definidos por los saldos comerciales de los principales países se han mantenido. Así, China sigue ostentando el mayor superávit comercial mundial y los Estados Unidos el mayor déficit. Los países europeos, el Reino Unido, Rusia y una parte sustancial de los países en desarrollo son superavitarios. En este último caso, se verifica un aumento significativo del intercambio Sur-Sur, de la mano de la diversificación de mercados por parte de China.

En el caso de los servicios, durante el período de la globalización éstos aumentaron su participación en el comercio, lo que redundó en importantes beneficios para las empresas tecnológicas de los países centrales y también en nuevas exportaciones para los países en desarrollo con importantes dotaciones de mano de obra entrenada en las nuevas tecnologías, como en el caso de algunas regiones de India.  Aunque se prevé un crecimiento menor en el futuro, en el año 2025 este comercio se expandió un 8% a valores corrientes.

En todo ese período, salvo contados episodios, nuestro país mantuvo su política de economía cerrada y, como consecuencia, se privó de uno de los motores del crecimiento de los países en desarrollo. El interrogante actual para la Argentina se centra en qué capacidades competitivas presenta para abordar una etapa en la que busca una mayor inserción internacional.

Por una parte, el comercio de mercancías de nuestro país promete un patrón diferente, aún en gestación. Las exportaciones de bienes del primer trimestre del año totalizaron USD 21.853 millones, con un incremento del 16,9% respecto al mismo período de 2025. Las importaciones alcanzaron a USD 16.345 millones, exhibiendo una caída del 7,3% (asociado al nivel de actividad local recesivo). El saldo comercial fue de USD 5.508 millones, cinco veces el saldo del mismo período del año anterior (USD 1.061 millones). Pese a la contracción en la importancia económica del sector industrial de la Argentina (ver arriba), las exportaciones manufactureras crecieron un 23,6% en el trimestre, a la vez que las importaciones de combustibles y lubricantes se redujeron en 35,7%, producto del mayor autoabastecimiento.

Los nuevos sectores de exportación se concentran en industrias extractivas, como la minería del litio, cobre y ampliación de explotación del oro. En energía (exportaciones y autoabastecimiento), se destacan el petróleo y gas no convencional de los yacimientos de Vaca Muerta y nuevas inversiones en parques eólicos. El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) es un muestrario de nuevas inversiones en esos sectores que conllevan importantes promesas exportadoras. El sector más tradicional de la agroindustria también promete un crecimiento importante.

En el mundo anterior a la crisis geopolítica actual, el crecimiento del comercio de servicios, como se mencionó, ha sido muy significativo. En este capítulo, menos afectado por las restricciones tradicionales al comercio externo (internas en nuestro país y producto del proteccionismo internacional), la Argentina estuvo en una mejor situación para procurar un cambio muy positivo, en particular en los capítulos de servicios tecnológicos y servicios empresariales (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: FIEL con base en datos INDEC

Pese a este destacado avance, el comercio externo de servicios presenta un balance negativo (ver Gráfico 2), centrado en los capítulos de transporte y de viajes. El saldo negativo en transporte obedece a razones estructurales, debido a la participación dominante de la carga en flotas internacionales y a problemas de la logística local (infraestructura de puertos, por ejemplo). El caso del turismo debe considerarse especialmente, ya que sus resultados de exportación (viajes de turistas a nuestro país) se encuentran muy por debajo de su potencial debido a desalineamientos recurrentes de nuestro tipo de cambio y a temas estructurales como los costos internos del transporte, la frecuencia de los vuelos de cabotaje, el estado de las rutas y el retraso en la integración de nuestros destinos a la oferta internacional (frecuencia de cruceros y de vuelos internacionales).  

Gráfico 2

Fuente: FIEL con base en datos INDEC

Este rápido repaso de las etapas de la evolución de comercio internacional y de su situación actual sugiere que la prioridad del aumento exportador que tiene hoy nuestro país junto con el logro de un abastecimiento eficiente en sus importaciones, enfrenta no sólo los retos de construir la competitividad local, sino también de negociar activamente en un mundo cada vez más fragmentado. Los resultados del primer cuatrimestre de 2026 y las inversiones anunciadas son alentadoras como un inicio de lo mucho que resta por hacer.


Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez

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