El balance fiscal continúa en verde y no se esperan cambios en el corto plazo. La novedad es que esta continuidad incluiría a los impuestos.
Superávit, una vez más
El año se acerca a su fin sin sobresaltos en el panorama fiscal. Si bien 2025 presentó dificultades, en un contexto de alta incertidumbre y dudas sobre la consistencia de la política fiscal en el futuro, el cierre del ciclo eleccionario con un resultado por encima de las expectativas del gobierno calmó las aguas.
La ejecución parcial a octubre refleja que el balance primario se ubicó en $12.500 millones. Este monto es $2.000 millones por encima de la meta impuesta en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional para diciembre, por lo que no quedan dudas del cumplimiento de la misma. Incluso, cuando el balance primario observado en 2024, a moneda constante, se ubicó unos $2.400 millones por encima del de este año. En cuanto al resultado financiero, aquel que incluye el pago de intereses, el cierre de los primeros diez meses del año lo ubica en un positivo de más de $4.100 millones, levemente por debajo del valor presentado en 2024.
Cuadro 1. Ejecución fiscal (acumulados a octubre, millones de $ constantes de 2025)

En cuanto a la composición de la hoja de balance, los gastos de funcionamiento y transferencias a provincias muestran, proporcionalmente, los mayores aumentos. Esto es esperable, toda vez que, en el pasado ejercicio, el efecto de la fuerte inflación de principios de año licuó estas partidas haciendo inevitable que en 2025 haya alguna corrección real al alza. En cualquier caso, en términos absolutos, las prestaciones sociales (que en 2024 se vieron menos erosionadas que otras partidas, impulsadas por el sostenimiento de la Asignación Universal por Hijo) imponen el mayor aumento, estimado al momento en unos $4.000 millones cuando se mide en moneda constante.
Por el lado de la contención del gasto, los subsidios económicos (especialmente, los energéticos) presentan el mayor recorte tanto en términos relativos como absolutos. En el presente ejercicio estas partidas se contrajeron unos $3.700 millones, cuando se compara con los primeros diez meses de 2024.
Los recursos, por su parte, registran una leve caída en términos reales. Merced modificaciones tributarias realizadas en esta gestión.
Novedades en materia tributaria: todo sigue igual
La gran noticia es que, en términos fiscales, se esperan menos novedades de las que en algún momento se podía llegar a creer. Hace algunas semanas, en una reunión con expertos en las oficinas del Banco Mundial, se planteó como tema de discusión la reforma tributaria. Más precisamente, el foco se puso en el diseño del IVA y la posible sustitución de impuestos distorsivos. Allí, al ser consultado por la posibilidad de reemplazo del Impuesto a los Ingresos Brutos cobrado por las provincias, el secretario de hacienda Carlos Guberman fue contundente: no hay reformas a la vista. El pilar de consolidar la situación fiscal es innegociable, y cualquier alternativa que ponga en discusión el mismo no tiene lugar.
Gráfico 1
Presión tributaria como % del PIB en 2023 (sin seguridad social)

Es cierto que Argentina tiene una presión tributaria más alta que países comparables; en el conjunto de países latinoamericanos, en 2023, sólo era superada por Brasil. No obstante, en los últimos dos años los recursos disponibles por el sector público han mermado. Más aún, el objetivo de sostener el balance fiscal no ha cambiado y el gasto aún no ha corregido todo lo necesario. Y, por sobre todas las cosas, es sabido que una buena reforma tributaria es más factible cuando hay recursos en exceso, de forma de poder compensar a los perdedores, en pos de lograr una mejora estructural en el largo plazo. Muy por el contrario, las experiencias recientes de reformas en Argentina se caracterizaron por buscar mejorar la calidad tributaria e intentar de compensar a los perdedores en períodos de vacas flacas. Los resultados están a la vista. Suena comprensible entonces la postura manifestada por el titular del tesoro.
En ningún caso se debe tomar la estructura tributaria argentina por buena. Por ello, mientras se espera a que se consolide la posición fiscal, las líneas rectoras de una buena imposición siguen siendo las mismas. Por sobre todas las cosas, el objetivo continúa siendo reducir la carga de impuestos altamente distorsivos, que incrementan el costo argentino y no se encuentran (al menos a nuestro nivel) en ningún país del mundo. En 2024, Argentina recaudó 6,6% del PIB en estos conceptos, encabezados por el Impuesto a los Ingresos Brutos (casi 4% del PIB), el impuesto “al cheque” (1,6% del PIB) y retenciones (1% del PIB). A los cuales se debería sumar el difuso y heterogéneo concepto de tasas sobre la actividad a nivel municipal (usualmente conocido como “Tasa por Inspección de Seguridad e Higiene”), cuya recaudación posiblemente sume un punto más a la recaudación consolidada. Por su parte, una tributación más amplia, con menos exenciones y alícuotas menores en la imposición sobre los ingresos y el IVA, forman parte de la misma agenda.
En conclusión: el norte no cambia. Pero el análisis del gobierno es que, para alcanzar ese largo plazo, en el corto tampoco debe cambiar lo que se viene haciendo.
Isidro Guardarucci
