El crédito al sector privado ha tenido en los dos últimos años una participación creciente en la hoja de balance del sistema financiero, mientras que los depósitos han mostrado menor dinamismo, aun cuando las colocaciones en dólares alcanzan un nivel récord desde la Convertibilidad. Canalizar depósitos en moneda dura al crédito requiere cambios normativos profundos que plantearán a las entidades financieras el desafío de extremar el análisis del perfil de los potenciales nuevos deudores.
En anteriores oportunidades, desde la presente columna, se abordó el análisis de la evolución reciente del crédito al sector privado. En julio pasado, se observó que, a la par de la recuperación de la actividad económica de comienzos de 2024 y hasta mediados de 2025, la dinámica de crecimiento que había mostrado el crédito no tenía precedentes en el último cuarto de siglo, con un mayor avance de los préstamos dirigidos a familias por sobre empresas, al tiempo que resultaban los bancos privados de capital nacional los que habían liderado ese crecimiento, mientras que los bancos públicos mostraban el mayor margen para incrementar la participación del crédito al sector privado en sus carteras[1].
Con el levantamiento de las restricciones para la operatoria en el mercado de cambios a personas físicas y, más tarde, con el desarme de las Letras Fiscales (LEFI) -y el fin de la tasa de interés de política-, la economía comenzó a atravesar turbulencias cambiarias y financieras, lo que combinado con una creciente incertidumbre pre electoral derivó en una caída de la demanda de Pesos y en un muy marcado proceso de dolarización. En ese escenario, el aumento de las tasas de interés –producto de una más ceñida política de encajes para contener el desborde monetario derivado del fin de las LEFI-, junto con un deterioro de los ingresos del público, detuvieron el crecimiento del crédito. Al freno en el aumento de los préstamos en el tercer trimestre, le había precedido un alza en la morosidad bancaria desde fines de 2024. Al respecto, en la síntesis financiera de enero pasado se observó que ese deterioro en la calidad de la cartera de los bancos lucía más asociado al aumento del costo del financiamiento que con el deterioro de los ingresos de los hogares, y que desde un semestre antes el aumento de tasas de interés comienza a impactar en la morosidad[2].
Los resultados de los comicios de medio término de octubre pasado disiparon la incertidumbre electoral, de modo que las tasas de interés comenzaron a transitar un sendero de baja, pero conservando cierta volatilidad resultante del despliegue conjunto por parte de la autoridad monetaria y el Tesoro de una política dirigida al manejo de la liquidez. En efecto, la emisión para la compra de divisas por parte del BCRA, su venta al Tesoro para el pago de deudas y las adjudicaciones de letras y títulos en las licitaciones quincenales de la Secretaría de Finanzas, se han calibrado para mantener contenida la liquidez en el sistema frente a una débil demanda de pesos en la búsqueda de evitar desvíos en el proceso de desinflación.
En los meses por venir, se plantea el desafío de reimpulsar el crédito en pesos a partir de menores tasas de interés que, a su turno, contribuyan a moderar la irregularidad de cartera de las entidades financieras. Un paso en ese sentido se dio a fines de marzo cuando el BCRA decidió no extender en el tiempo el requerimiento incremental del 5% para los encajes bancarios dispuesto en agosto del año pasado, y prorrogado en noviembre hasta fines de marzo del presente año. Así, por caso, desde abril los depósitos a la vista reducen el encaje al 45%, pudiéndose aún integrar una parte en títulos del Tesoro. Por lo anterior, el recorte no significa una inyección automática de liquidez asimilable a emisión, sino más bien un aumento en la capacidad prestable de los bancos que actúa sobre la oferta de dinero por medio del multiplicador bancario a través de la creación secundaria de dinero.
Pero el escenario actual tiene un ingrediente novedoso, que es el aumento del stock de depósitos en dólares del sector privado, los que han alcanzado un nivel récord desde el fin de la Convertibilidad, y de ello la consideración de alternativas para elevar el crédito en esa moneda.
De lo anterior, en la presente columna se revisa la situación actual del crédito y los depósitos en comparación con el estado que mostraban durante los noventa[3] cuando la plena convertibilidad del peso y el carácter bimonetario de la economía habían propiciado una marcada dolarización del sistema financiero. El objetivo inicial es ilustrar el potencial de crecimiento que tiene por delante el crédito al sector privado e identificar diferencias entre los dos momentos de análisis en términos de la participación de monedas en el fondeo y el destino de dichos recursos.
Como es conocido, con el fin de la emisión monetaria para el financiamiento del déficit fiscal y la ulterior necesidad de esterilización junto con la consolidación de la deuda del Banco Central en el Tesoro, la presencia del sector público en el activo del sistema financiero ha tenido un progresivo recorte dando espacio a la recuperación del crédito al sector privado.
En efecto, en enero de 2024 el 41.2% del activo del sistema financiero estaba colocado en instrumentos públicos[4], mientras que sólo el 17.7% correspondía a préstamos al sector privado. Con la reversión del desplazamiento del financiamiento del consumo y la inversión privada en los meses siguientes, a marzo de este año se tiene una caída de la participación del sector público en el activo del sistema hasta 28% a la par de un alza de la del sector privado por encima del 44%. Como se observa en el Gráfico 1, el crecimiento de la participación de los préstamos al sector privado en el balance del sistema financiero tuvo un marcado avance hasta mediados el año pasado, desde cuando se estancó en el nivel que tiene actualmente a causa de la inestabilidad financiera ya mencionada.
Gráfico 1

En la comparación de la situación actual con los mejores años seleccionados de la Convertibilidad –1994, 1995 y 1996-, se observa un espacio para la recuperación de la participación del crédito al sector privado y un recorte de la del sector público. Por caso, la relación de préstamos al sector privado y activos del sistema financiero hacia fines de 1994 ascendía a 58.3%, mientras que la del sector público era solo del 13%.
La acelerada salida de depósitos bancarios desde mediados de 2001 y la pérdida de reservas internacionales por parte del BCRA -uno de los factores que gravitaron en el abandono de la caja de conversión-, afectaron marcadamente al sistema financiero, comenzando con la puesta en marcha de restricciones para la operatoria bancaria en efectivo hacia diciembre de 2001, y siguiendo más tarde con la suspensión de la Ley de Intangibilidad de depósitos a comienzos de enero de 2002, lo que a su turno permitió la pesificación asimétrica de depósitos y créditos. En ese año, hacia diciembre, la participación del crédito al sector privado en el activo del sistema financiero se había reducido a 24%, mientras que la exposición al sector público se había elevado al 47.6%.
Cuando el foco se pone en el sector privado y se observa conjuntamente la evolución de los depósitos y el crédito en relación al PBI, entre 1994 y 2001 el crédito promedió 19.6% del PBI y los depósitos, 18.1% del producto, con un marcado ritmo de crecimiento en el periodo, tanto para depósitos como para préstamos.
A diferencia de lo ocurrido en los noventa, en los últimos dos años, los créditos mostraron un avance más dinámico que los depósitos. Estos, que promediaron 13% del PBI entre comienzos de 2004 y agosto de ese año, tuvieron un salto de alrededor de 3% con la implementación del régimen de exteriorización de activos en 2024, moviéndose hasta la actualidad en un promedio de 15%. En cambio, los préstamos al sector privado tuvieron un avance más veloz, pasando desde 6.5% del PBI en el inicio de 2024 hasta 13% del producto hacia agosto de 2025, colocándose en la actualidad en 12.4% del PBI.
La dinámica diferencial en el crecimiento de los depósitos privados y el crédito en los últimos dos años no refleja otro fenómeno que el quiebre del proceso de direccionamiento de los depósitos por medio de pasivos remunerados del BCRA al financiamiento del déficit fiscal y cuasi fiscal.
Una particularidad asociada con los recursos prestables del sistema es que, en la actualidad, la brecha entre depósitos y créditos es más holgada de lo que ocurría en la década del noventa, en la que, con la excepción de los años 2000 y 2001, la relación de crédito a PBI superó a la de los depósitos a partir de la utilización de otras fuentes de fondeo provenientes de operaciones con residentes en el exterior a través de depósitos, colocaciones de obligaciones negociables y préstamos de entidades financieras y organismos internacionales.
Para poner en perspectiva la magnitud de aquellos recursos puede mencionarse que, entre 1994 y 2001, las obligaciones del sistema con residentes del exterior promediaron 14.2% del total del pasivo y el patrimonio neto, mientras que los depósitos del sector en moneda nacional lo hicieron 17% y en moneda extranjera 26.4%. Al respecto, las opciones de fondeo del exterior no se encuentran difundidas en la actualidad, más allá de emisiones puntuales de obligaciones negociables por parte de algún banco.
Los niveles actuales de créditos y depósitos en relación al PBI en la comparación con el tamaño del sistema en los años noventa, vuelven a señalar un potencial para la profundización financiera de la economía. En efecto, a fines de los 2000, los depósitos del sector privado representaban 22.5% del PBI y los créditos 20.7%, más de una vez y media la relación que alcanzan en la actualidad.
Gráfico 2

La libre convertibilidad del Peso en los noventa, conjuntamente con el carácter bimonetario de la economía y la disponibilidad de financiamiento del exterior, sugieren profundizar el análisis de los préstamos y depósitos en términos de la composición de monedas en los que fueron otorgados y realizados, respectivamente, de modo de obtener una primera semblanza en cuanto al calce en el balance agregado del sistema financiero.
El Gráfico 3 muestra la evolución de los depósitos en pesos y dólares en relación al PBI. Entre 1994 y 2001, los depósitos totales promediaron 18.1% con colocaciones en pesos que en promedio ascendieron a 7% del PBI y en dólares que lo hicieron 11.1% del producto. Es decir, más del 60% de los depósitos se encontraba denominado en dólares, con una relación creciente de éstos respecto a los depósitos en pesos en el periodo, dando cuenta de una dolarización creciente del sistema financiero desde el lado de los pasivos.
En la actualidad, la situación es distinta, no solo por el menor tamaño del sistema financiero desde la perspectiva de los depósitos, sino también por la composición de los mismos. Los últimos datos disponibles dan cuenta de que los depósitos del sector privado representan 14.3% del PBI, al tiempo que sólo un tercio está realizado en dólares.
Gráfico 3

¿Y en cuanto a los préstamos? Como se mencionó, entre 1994 y 2001, los préstamos totales promediaron 19.6% del PBI, y de ellos menos del 40% fueron otorgados en pesos. En cambio, en la actualidad, del total de préstamos al sector privado -12.4% en términos del PBI-, el 78% son en moneda local.
Es decir, a diferencia de lo ocurrido en Convertibilidad, en la actualidad domina la participación de los préstamos en pesos, en parte ello explicado por las disposiciones regulatorias contenidas en las normas prudenciales del sistema financiero emitidas por el BCRA referidas a los destinos potenciales de los fondos depositados en moneda extranjera.
Gráfico 4

Del repaso de las figuras anteriores surge un dato de interés: durante los años analizados de la Convertibilidad, la participación del crédito en moneda extranjera en el total de préstamos y la de depósitos en esa moneda en el total de las imposiciones, fue similar. En efecto, la participación de los préstamos en dólares promedió 61.7% en el período y 61.5%, la de depósitos en dólares, lo que indica que para el agregado del sistema no existía un potencial descalce de monedas, lo que no obstante podría ocultar lo que ocurría a nivel de entidades individuales.
Volviendo al escenario actual, en parte por el aporte del régimen de exteriorización de capitales de 2024, el nivel de depósitos en dólares se encuentra en niveles récord desde la Convertibilidad, alcanzando USD 41.6 mil millones, de los cuales USD 38.4 mil millones corresponde a depósitos de privados. Es interesante mencionar que el grueso de los fondos depositados en las cuentas de regularización de 2024 –las cuentas CERA-, que pasaron a encontrarse disponibles en enero pasado, han permanecido en el sistema. Junto con lo anterior, la expectativa respecto al aporte de fondos al sistema que podría obtenerse a partir de la sanción de la Ley de Inocencia Fiscal.
Claro es que la mejora en los depósitos de divisas acarrea una mayor holgura en las reservas internacionales brutas del BCRA –no así las netas-, eleva las posibilidades de fondeo del Tesoro en el mercado local, reduciendo la dependencia de los mercados internacionales -en momentos en el que el riesgo soberano volvió a colocarse por encima de los 600 puntos luego de la ventana del primer bimestre-, al tiempo que aumenta el volumen de recursos de los bancos disponibles para el crédito al sector privado.
El aumento de los depósitos en dólares permite a los bancos fondearse a bajo costo, pero también les plantea el reto de canalizar esos recursos. Precisamente, en la actualidad el crédito al sector privado en esa moneda supera ligeramente los USD 20 mil millones, cerca de la mitad de los fondos prestables disponibles.
A partir de lo anterior, las iniciativas para movilizar esos recursos ociosos que podrían dinamizar la actividad económica. En esta línea de acción, ya desde febrero 2025 mediante la Comunicación A 8202, el BCRA había habilitado a los bancos a entregar préstamos en dólares al público en general cuando los fondos provengan de recursos propios, líneas del exterior con sus casas matrices o de fondos obtenidos mediante colocaciones en el mercado de capitales. No obstante, continúan vigentes las restricciones impuestas por el artículo 23 del decreto 905 del año 2002, incorporadas a las regulaciones prudenciales del BCRA, que limitan el destino de los depósitos en dólares a, fundamentalmente, la financiación de exportaciones. Estas regulaciones también obligan a los bancos a mantener el saldo de capacidad prestable en efectivo en dólares o depositados en el BCRA.
La flexibilización de las restricciones establecidas por el decreto 905 deberían darse por Ley del Congreso. Los cambios habilitarían a los bancos a seleccionar deudores de alto perfil susceptibles de recibir créditos en dólares sin poseer una fuente primaria de divisas para el repago. Claro es que, del otro lado del mercado se coloca la demanda, respecto de la cual se tiene el interrogante respecto a su capacidad de –y disposición para- absorber los depósitos excedentarios a un costo de financiamiento ventajoso respecto a las líneas disponibles en pesos.
La experiencia reciente respecto al alza de la irregularidad de cartera en el despegue del crédito en pesos sugiere la necesidad por parte de las entidades financieras de extremar el escudriñamiento de los nuevos potenciales tomadores de deuda en dólares, mientras que de parte de éstos, una mayor prudencia partiendo de su incapacidad de generar recursos en esa moneda, aun cuando en el corto plazo la expectativa de devaluación se encuentre alineada con las de inflación. Al respecto, no debe perderse de vista la apreciación real que comienza a acumular el Peso, en un contexto internacional en el que en las semanas recientes se ha registrado un vuelo a la calidad que ha presionado la corrección cambiaria de las monedas –especialmente- de economías emergentes, y que oportunamente podría derivar en la necesidad recalibrar la cotización del dólar en el mercado local.
A modo de síntesis. La comparación de la situación actual con los mejores años de la Convertibilidad muestra que existe espacio para elevar la participación del crédito al sector privado en el activo del sistema financiero más allá de lo registrado en los dos últimos años. A diferencia de lo ocurrido en los noventa, cuando se observó una alta dolarización del sistema, en la actualidad más de dos tercios de los depósitos se encuentran denominados en pesos, y en el caso de los préstamos la participación supera el 78%. Hoy el sistema cuenta con una alta capacidad prestable en dólares que no puede ser canalizada al crédito a causa de regulaciones prudenciales, de allí las iniciativas para modificar el cuerpo normativo para la movilización de dichos recursos. En un futuro, dichos cambios plantearán a las entidades financieras el desafío de extremar el análisis del perfil de los potenciales nuevos deudores que no posean fuentes primarias de ingreso de divisas, de modo de minimizar los riesgos de repetir episodios del pasado.
Guillermo Bermúdez
[1] https://fielfundacion.org/blog/2025/07/07/bancos-privados-de-capital-nacional-lideran-la-recuperacion-del-credito/
[2] https://fielfundacion.org/blog/2026/01/10/morosidad-escollo-al-relanzamiento-del-credito/
[3] El análisis repasa información desde 1994, año para el cual el balance de las entidades financieras presenta información completa.
[4] Se refiere a préstamos al sector público, los títulos emitidos por el Tesoro y los gobiernos subnacionales, junto con las Letras y Notas del BCRA, excluyendo encajes.
