Más aprendizajes, más continuidad, más retornos

Aun después de considerar el nivel educativo de los padres, los jóvenes que logran completar la universidad obtienen retornos salariales por año de estudio muy superiores a los de quienes se detienen en el secundario, lo que refuerza la importancia de combinar más años de escolaridad con trayectorias de calidad a lo largo de todo el sistema educativo.


¿Qué ocurre con los salarios de los jóvenes cuando no solo cuentan los años de estudio cursados, sino también la calidad de esos años y cuánta educación tuvieron sus padres? En nuestro país, para los jóvenes de 17 a 25, la calidad educativa de la cohorte de pertenencia y los años de educación alcanzados se complementan, el retorno por cada año adicional de educación es mayor cuanto mayor haya sido la calidad. En esta nota analizo esta relación una vez que se incorpora tanto el nivel educativo alcanzado por el joven, como el máximo nivel educativo de los padres.

A modo de recordatorio, el modelo propuesto estima cuánto de las diferencias en el salario horario de los jóvenes se asocia a diferencias en los años de educación recibida y a diferencias en la calidad a la que estuvo expuesta su cohorte – medida según los puntajes de matemática -. Es una ecuación de Mincer ampliada que incluye la experiencia laboral además de otros controles[1].  

En la nota anterior[2] veíamos que a nivel país, en promedio, la ganancia por cada año adicional de educación sube de 3.9% a 11.5%, cuando se pasa de muy baja a muy alta calidad contextual. Pero que, cuando se condicionaba por la finalización o no de los estudios del joven, dicha interacción se atenuaba. Esto sugiere que la calidad opera por dos vías: una directa, en la que mejores experiencias educativas se traducen en mayores retornos salariales; y otra indirecta, donde las diferencias en aprendizajes se asocian a diferencias en continuidad y terminalidad (el efecto de autoproductividad y complementariedad planteado por Heckman). Al comparar dentro de grupos más similares, el efecto “puro” de la calidad disminuye.

La apertura por nivel educativo finalizado muestra que es, sobre todo, el nivel superior el que tracciona la complementariedad entre calidad y años educativos. La línea azul del Gráfico 1 expone que los jóvenes de cohortes que cursaron la secundaria en contextos de mayor calidad educativa (mitad del gráfico a la derecha), y además culminaron la universidad, tienen un retorno en su salario horario que tiene un piso de 12% por cada año adicional de estudio y llega al 41% cuando la calidad de su cohorte fue alta (+2DS). Al mismo tiempo, se observan niveles de retornos muy bajos para quienes solo pasaron por alguna fase de la educación obligatoria –ya sea completa (naranja) o incompleta (verde).

Entre quienes terminaron la secundaria se percibe un patrón menos intuitivo: el retorno estimado de cada año de educación es algo menor en las cohortes de mayor calidad. Una hipótesis plausible, alineada con evidencia internacional (BID, 2024; OCDE, 2018)[3],  es que se trate de un efecto de composición en las trayectorias posteriores. En cohortes de menor calidad, muchos jóvenes con secundario completo pueden ingresar más rápido al mercado laboral en empleos de jornada completa, relativamente más estables (aun si son de baja calificación); mientras que en cohortes de mayor calidad es más probable que los jóvenes hayan continuado con estudios superiores, combinándolos con trabajos más informales o temporarios, de baja paga. Esto puede hacer que, en el corto plazo (la ventana de observación de este trabajo), sus ingresos sean menores y el retorno observado parezca caer con la calidad, aun cuando esa misma calidad esté favoreciendo oportunidades educativas y salariales que se verán en el largo plazo.

Gráfico 1. Apertura por nivel educativo finalizado
 
Retorno marginal de un año adicional de educación

Según puntaje de matemática por cohorte
Gráfico 2. Apertura por nivel educativo finalizado. Condicional al nivel educativo de los padres.
Retorno marginal de un año adicional de educación
Según puntaje de matemática por cohorte
Fuente: elaboración propia. Estimación con corrección de sesgo de selección de Heckman. Intervalos de confianza (95%) con matriz de variancias y covariancias corregidas por correlación intra clúster en aglomerados. Nota: en la categoría Universitario completo se destacan con número las estimaciones que son estadísticamente diferentes de cero.

Otro factor muy relevante en el contexto de esta investigación es el nivel educativo de los padres porque es una de las variables de mayor nivel predictivo de los aprendizajes. Si bien la métrica de calidad contextual incorpora diferencias en dicha variable para mejorar la asignación cohorte-específica según estos atributos, en a observación individual de la EPH aún queda variabilidad atribuible al origen socioeconómico, Al introducir el máximo nivel educativo de los padres, estos tres gradientes de retornos con la calidad se vuelven más planos (Gráfico 2), lo que sugiere que una fracción del patrón inicial estaba asociada a la selección por origen familiar. Sin embargo, el resultado para los que continúan y finalizan estudios superiores, que indicaba que la calidad juega un papel importante, se modera, pero se sostiene, la calidad de la cohorte no se agota en el nivel socioeducativo familiar.

En resumen, sea que se condicione  o no por el máximo nivel educativo parental (NEP), la estimación de los retornos a los años de educación, medida sobre el salario horario, es positiva y significativa (ver Gráfico 3). Aunque de magnitudes muy diferentes dependiendo de la fase de terminalidad: se ubica alrededor del 2.5% para quienes no finalizaron la secundaria y del 8% para los que sí la terminaron. Paralelamente, entre quienes culminaron el grado universitario,  la estimación del retorno promedio por cada año adicional pasa de alrededor del 15% sin controlar por NEP a cerca del 26% cuando se incorpora este control[4].  En otras palabras, una vez que mantenemos constante el nivel educativo familiar, el retorno de cada año adicional de educación aparece como todavía más elevado. Siempre teniendo en cuenta que estas estimaciones se calculan sobre el salario horario de jóvenes de 17 a 25 años en su etapa temprana de inserción laboral.

Gráfico 3. Retornos marginales de los años de educación por nivel educativo finalizado. Condicional a la calidad de la cohorte

Fuente: elaboración propia. Estimación con corrección de sesgo de selección de Heckman. Intervalos de confianza (95%) con matriz de variancias y covariancias corregidas por correlación intra clúster en aglomerados.

Quien termina la universidad ya superó las etapas de primaria y secundaria completas y, además, la selectividad propia del nivel superior. Ese recorrido concentra a jóvenes con capacidades académicas y socioemocionales altas, aun entre quienes provienen de hogares de baja educación parental. Cuando sacamos del error la variación asignable al contexto cultural familiar, lo que se observa es que aumenta el retorno estimado para quienes estuvieron expuestos a niveles más bajos de calidad (típicamente más desfavorecidos socioeconómicamente y tal vez graduados de primera generación). Su salario se eleva comparativamente más (aunque en la apertura no son estadísticamente significativos), empujando el promedio general hacia arriba. En otras palabras, al fijar constantes las diferencias de origen familiar, emergen con más fuerza las primas salariales de aquellos jóvenes que logran completar la universidad pese a haber transitado su escolaridad en cohortes de menor calidad.

Por otro lado, la universidad per se promueve y genera nuevas redes profesionales y laborales. Al controlar por la educación de los padres no solo se corrige un posible sesgo por habilidades heredadas, sino que también se aísla del coeficiente universitario las diferencias en redes y elección de carrera asociadas al origen familiar. Este es un posible mecanismo que ayuda a interpretar por qué los retornos estimados cambian al introducir el nivel educativo parental.

Esta conjunción de resultados y posibles mecanismos son para mí, de los hallazgos más interesantes de la investigación: (i) los buenos aprendizajes interactúan positivamente con mayores retornos a la acumulación de años de educación, y (ii) las primas salariales promedio de los jóvenes que culminan los estudios superiores  y se insertan al mercado laboral, se estiman en un 26% cuando se aísla la calidad educativa del capital cultural familiar, tres veces más altas de quienes solo se quedan con el título secundario. El hecho que sea el nivel superior el que tracciona la interacción entre años acumulados y aprendizajes de la cohorte —es decir, que los retornos aumenten con la calidad sobre todo entre quienes continuaron estudiando— e intensifique la magnitud del retorno esperado al aislar la métrica de calidad del capital cultural familiar, es consistente con un mecanismo en el que mejores aprendizajes facilitan trayectorias educativas más largas y su capitalización en el mercado de trabajo. En conjunto, estos resultados son coherentes con la vigencia de la teoría del capital humano y refuerzan, sobre todo, la importancia de promover políticas educativas que aseguren aprendizajes de calidad a lo largo de toda la trayectoria educativa.


Ivana Templado

[1] Sexo, el nivel de ingresos del resto de la familia, si el joven es jefe de hogar, si la familia recibe alguna transferencia del Estado y el nivel educativo alcanzado por el joven.

[2] La huella de la secundaria en el salario de los jóvenes: ¿influye la calidad de los aprendizajes? Ivana Templado. Panorama Educativo. Indicadores de Coyuntura. Noviembre 2025. https://fielfundacion.org/blog/2025/11/08/la-huella-de-la-secundaria-en-el-salario-de-los-jovenes-influye-la-calidad-de-los-aprendizajes/

[3] Un desempeño alto a los 15 años entre estudiantes se asocia fuertemente con una mayor probabilidad de continuar estudios en el nivel superior y acceder a mejores empleos.

[4] Debido a que la población bajo análisis es de jóvenes entre 17 a 25 años, el número de egresados universitarios es bajo todavía en este rango etario, lo que reduce, como se observa en los gráficos, la precisión de las estimaciones que incluyen el nivel educativo final alcanzado. Esta es una limitación actual de los datos que posiblemente pueda revertirse cuando se acumule más información en los años venideros.


Referencias

Ortiz, E. A. (coord.) (2024). El Estado de la Educación en América Latina y el Caribe 2024: La medición de los aprendizajes. Washington, D.C.: Banco Interamericano de Desarrollo

OCDE (2018), Equity in Education: breaking down barriers to social mobility.

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