Septiembre, mes clave. Elecciones, ley de presupuesto y necesidades financieras.

El año 2025 avanza y las cuentas fiscales siguen positivas, en la antesala de un mes decisivo para la gestión Milei-Caputo. En efecto, por un lado, el gobierno elevará al Congreso su proyecto de Ley de Presupuesto y, por el otro, enfrentará las elecciones de medio término en las que se resuelve la composición de las cámaras que, seguramente, definan la votación de la “ley de leyes”.


Introducción

Los primeros siete meses del año registraron un balance primario de $9,4 billones, en términos reales, un 20% menor a lo registrado el año previo en el marco de una corrección fiscal sin precedentes. No obstante, el resultado global fue de $2,9 billones, similar al de 2024 medido en moneda constante, debido a la mayor participación de deuda que no registra intereses.

Los números de julio

Se destaca en el corriente ejercicio la fuerte reducción de gasto de subsidios energéticos, compensado por mayores prestaciones sociales (donde la Asignación Universal por Hijo se sostiene desde el primer día del actual gobierno) y el aumento de las transferencias a provincias (partiendo de un nivel especialmente bajo en 2024). Del lado de los ingresos, se destacan menores rentas de la propiedad y la eliminación del gravoso Impuesto PAIS, compensados casi en su totalidad con una mayor recaudación de aportes y contribuciones a la seguridad social.

Cuadro 1. Ejecución fiscal enero-julio ($ millones constantes de 2025)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

En cuanto al mes de julio específicamente, registró un leve déficit global. Más allá del signo, este rojo fue considerablemente menor al de 2024, aunque ello en realidad se ve explicado por el registro bajo la línea de los intereses de bonos capitalizables. Por esta razón, este instrumento complica la comparación interanual del desempeño. En consecuencia, el balance primario resulta más conveniente (no es casualidad que el programa del FMI tenga a esta variable como meta y no a aquella que incluye los intereses, ni en la Argentina ni en ningún país).

El resultado primario mensual de julio fue, en términos reales, superior al del mismo mes de 2024. Lo mismo ocurrió en junio. Entonces ¿por qué el acumulado del año pasado fue considerablemente mayor? En particular por dos motivos. En primer lugar, ante el salto inflacionario de fines de 2023 y principios de 2024, la consecuente licuación de algunos gastos y la contención de otros, generó fuertes superávits, de especial relevancia en el acumulado anual. Adicionalmente, la recaudación de Ganancias concentrada en mayo del año pasado generó otro momento de alto superávit. Estos dos factores, ausentes en 2025, explican la desaceleración en la performance fiscal del corriente. En cualquier caso, la meta del acuerdo con el Fondo establece que el superávit primario deberá alcanzar 1,6% para fin de año. Esto es unos $15 billones e implica no relajar la política fiscal en lo que sigue. Algo desafiante, en el contexto político actual.

Gráfico 1. Balance primario ($ billones constantes de julio 2025)

Fuente: elaboración propia en base a Ministerio de Economía.

Septiembre: elecciones, presupuesto y después

Septiembre es un mes especial en general, pero más en este año. Cada 15 de septiembre, por ley, el Poder Ejecutivo debe elevar al Congreso su proyecto de Ley de Presupuesto. El debate implica discutir prioridades de gestión entre el gobierno y la oposición de cara a lo que será el año 2026, el tercero de la actual administración. Esta ley es reconocida habitualmente como hoja de ruta del programa económico; no obstante, en los últimos años nos hemos acostumbrado a no tener tal cosa. Tanto 2024 como 2025 carecieron de norma aprobada por el Congreso, de modo que se gestionó en base a prórrogas de años pasados.

Gobernar es establecer prioridades. Y el presupuesto refleja exactamente eso. Al final del día, cada gasto que se ejecuta es priorizado por sobre los usos alternativos de esos recursos, independientemente del hecho de que tal decisión se haya tomado de modo explícito. Resulta ineludible que el resultado fiscal se obtiene de restar los gastos a los ingresos públicos. Y que, a su vez, ese resultado es compensado con algún financiamiento, de modo que las cuentas “cierren” (cuando estamos frente a un superávit este financiamiento se vuelve negativo, reflejando que pagamos deuda o constituimos ahorros). Esto no es materia de opinión, sino que es una identidad contable y, como tal, se cumple siempre. En resumen:

Ingresos – Gastos = Resultado Fiscal

Resultado Fiscal + Financiamiento = 0

Así, todo gasto adicional implica que, necesariamente, se posponga otro y/o aumenten los ingresos y/o se recurra a alguna fuente de financiamiento (deuda con privados, deuda con organismos, deuda con el BCRA, etc.). El programa económico del gobierno actual tuvo como eje el superávit fiscal. Así, la reducción del gasto se volvió condición necesaria para un menor endeudamiento y, a la vez, pensar en reducir la presión tributaria sobre la economía. Esta es la lógica detrás de las diversas decisiones de ajuste y veto a decisiones impulsadas desde la oposición, tales como el aumento del presupuesto universitario o de las jubilaciones.

Institucionalmente, es complejo gobernar con vetos como única respuesta al bombardeo sobre el presupuesto público. El primer año de gestión, los resultados en materia de estabilización y aumento en el apoyo popular permitieron sostener las cuentas públicas; vale la pena recordar al asado con los 87 diputados-héroes, un claro reflejo de aquel contexto. Con el paso de los meses, el veto emergió como un salvoconducto a las elecciones de este año, momento en el cual el refuerzo de legisladores propios podría hacer posible bloquear las propuestas tendientes a aumentar el gasto público.

Aquí es donde emerge la relevancia del mes en curso. Por un lado, el gobierno elevará al Congreso su proyecto de Ley de Presupuesto. Por el otro, enfrentará las elecciones de medio término. En ellas, se resuelve la composición de las cámaras que, seguramente, definan la votación de la “ley de leyes”. Además, plebiscitará sus primeros dos años de gestión, lo cual tiene un efecto amplificador sobre el resultado conseguido estrictamente en las bancas (conseguir héroes no ha sido una tarea fácil a lo largo de la historia, pero ciertos héroes aparecen más fácil cuando identifican a un ganador con poder renovado). Los resultados no son binarios. Ni todas las victorias ni todas las derrotas son iguales. El signo y la magnitud del resultado importan. Una consolidación fiscal segura garantiza financiamiento y calma la ansiedad. Por el contrario, cualquier novedad negativa respecto al control de las finanzas públicas tendrá el efecto contrario. Es importante agregar al contexto que septiembre presenta la necesidad de cumplir con vencimientos de deuda por $21.000 millones.

Mucho en juego, mucho por definir. La foto muestra que el balance fiscal es una bandera del gobierno, pero su capacidad de sostenerlo y financiarlo se volvió menos evidente. Cuán cierto es esto, lo empezaremos a ver en las próximas semanas. Para los ansiosos, sólo queda seguir la recomendación de la canción que dice “despiértame cuando septiembre acabe”.


Isidro Guardarucci

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